
5 Marzo2013 - redaccionmedica.com
Como cualquier otra
materia, el manejo de las bajas
laborales es susceptible de ser
mejorado, pero no había habido
oportunidad de plantearlo. Que el tema
se aborde ahora puede que sea una
consecuencia más del ahogo de las
administraciones públicas y de la
necesidad, a toda costa, de ganar
eficiencia en cualquier materia de su
competencia. Y ciertamente la IT no es
asunto menor.
El proyecto de real decreto, adelantado
en exclusiva nacional por Redacción
Médica el pasado 14 de febrero, parece
un gran avance sobre la normativa
existente porque apunta directamente a
una de las demandas históricas de los
médicos de atención primaria: evitar la
pérdida de tiempo que supone la gestión
de los partes de baja, tanto para el
médico como para el paciente, reduciendo
así el impacto de uno de los grandes
enemigos del primer nivel asistencial:
la burocracia.
Parte del problema de los partes
actuales reside en que la periodicidad
en su gestión se fijó sin criterio
clínico. ¿Por qué cada siete días? ¿Por
qué no cada dos? ¿ O cada tres semanas?
En realidad, la visita del paciente
terminaba convirtiéndose, más que en una
necesidad, en una obligación, que no
hacía sino complicar la ya de por sí
complicada situación de una persona de
baja, que seguramente necesita de ayuda
familiar y social para atender otras
circunstancias cotidianas e
imprescindibles.
La reforma pivota en torno al principio
de estandarización de procesos
patológicos y al tipo de trabajo.
Además, otro cambio importante es la
introducción de plazos orientativos en
función del diagnóstico, la edad del
trabajador y la ocupación. Estos
contenidos se plasmarán en tablas, que
deberán tener un importante contenido
clínico. Es aquí donde las sociedades de
atención primaria esperan tener
suficiente protagonismo para la
elaboración final de la reforma.
Otro de sus puntos fuertes es la
elaboración de informes complementarios
en los procesos de más de 31 días. Puede
resultar paradójico que un texto que
pretende reducir el alcance de la
burocracia subraye y establezca por otro
lado la necesidad de incorporar una
buena dosis de documentación al
historial clínico. El Gobierno parece
pretender con ello que toda baja que se
alargue por encima de lo habitual esté
convenientemente justificada y no
responda a otras situaciones que se han
vuelto a poner de manifiesto hace unos
días, en autonomías como Cataluña y
Galicia, donde, desde que estalló la
crisis, las bajas han experimentado una
reducción extraordinaria.
La evidente intención de espaciar las
visitas al médico para ratificar una
baja, compartida por la Administración y
por los médicos, puede también responder
a la mayor duración de algunas
enfermedades, cuando no a su inicial
cronificación, lo que estaría en
consonancia con la evolución del sistema
sanitario, que trata por todos los
medios de buscar alternativas al modelo
de atención a los agudos.
Obviamente, estos cambios deberán
hacerse sin perjudicar las garantías que
desde siempre ha observado el modelo de
gestión de la IT, y que venían en parte
del papel jugado por otros actores como
la inspección sanitaria y las mutuas de
accidentes de trabajo. Estos dos
colectivos se han vuelto a enzarzar en
una pugna de competencias y dinámicas de
trabajo, que recuerda a la ya sostenida
hace más de una década, con ocasión del
trámite de un proyecto similar para la
gestión de la IT. Por entonces el
problema se concentró en torno a las
propuestas de alta; en esta ocasión, los
inspectores se quejan del nuevo papel
que se les atribuye, con un menor
alcance del control y la autoridad que
venían ejerciendo. Mientras, en el otro
lado, las mutuas insisten en la
profesionalidad de sus cuadros
profesionales y en su reconocida
capacidad para evaluar procesos y,
llegado el caso, proponer altas.
Algunos ven en esta disputa otra
ramificación de la supuesta
privatización de servicios sanitarios en
la que andaría empeñado el Gobierno del
PP. Aguardemos a conocer el texto
definitivo, conozcamos la opinión de los
médicos de primaria, auténticos ejes del
sistema, y confiemos en que, como en
otras tantas materias, la propuesta de
cambio sea solo el principio de una
necesaria mejora de la gestión de la
incapacidad temporal.