
15 de Marzo 2013 - elpais.com
“En este país solo pagan impuestos los asalariados”. Esta frase
podría haberla pronunciado cualquier político actual, pero la dijo el ex
ministro socialista José Borrell hace casi 30 años, cuando lanzó una feroz
campaña contra el fraude fiscal para tratar de cambiar la conciencia social de
los españoles acostumbrados a escaquearse del fisco. Eran los tiempos del
“Hacienda somos todos” y de las imágenes de famosos como Lola Flores, Pedro Ruiz
o Marujita Díaz desfilando ante el juez por acusaciones de evasión fiscal.
Hasta los años setenta del siglo pasado pagar a Hacienda era casi una excepción.
El 76% de los contribuyentes se consideraban a sí mismos defraudadores. Creían
que los impuestos eran injustos y complejos, según explicaba el profesor Enrique
Fuentes Quintana, ministro de Economía, al valorar la primera reforma fiscal
moderna en España, aprobada en 1977.
El país ha mejorado desde entonces todas sus
magnitudes económicas y sociales, pero el fraude fiscal sigue estando al orden
del día. Los años de borrachera por el ladrillo y la actual crisis económica ha
sido un buen caldo de cultivo para que la economía sumergida se reproduzca. Y
donde hay sombras, hay fraude.
Un estudio publicado por la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) hace un par de
años señala que la actividad bajo cuerda pasó de cerca del 15% en 1985 a cerca
del 23% en 2008.
En España no hay datos oficiales, pero las cifras son similares a las que maneja
la Comisión Europea para sus estudios sobre la evasión fiscal. Bruselas esgrime
un informe elaborado en 2012 por Richard Murphy, director de Tax Research, que
revela que la economía sumergida en España rondaría el 22,5% del PIB, casi el
doble que Reino Unido y seis puntos más que Alemania. Según el mismo documento,
encargado por los socialdemócratas europeos, España perdería unos 72.700
millones de ingresos fiscales por la economía sumergida.
Un verdadero potosí para estos tiempos, en los que el Gobierno busca euros
debajo de cada baldosín para atajar el déficit público [el desfase entre gastos
e ingresos presupuestarios]. Si el Ejecutivo acabara con toda la economía
sumergida eliminaría el déficit de un plumazo. En 2012 se situó en el 6,7% del
PIB (unos 70.800 millones). En el instituto de estudios Fedea echan un jarro de
agua fría sobre esta posibilidad: si España fuera tan cumplidora como Suecia o
Alemania solo lograría reducir el déficit en dos o tres puntos. Achacan el gran
volumen de economía sumergida a una economía tecnológicamente retrasada e
ineficiente.
La media docena de expertos consultados para elaborar esta información (fiscalistas,
asesores fiscales e inspectores) coinciden en que el fraude se ha incrementado
en los últimos años. Ha sido otro de los efectos perniciosos de la crisis. El
ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, admitió hace unas semanas: “Se está
produciendo un aumento muy considerable de la economía sumergida en España”. Y
añadió: “Es imposible que España haya perdido 70.000 millones de recaudación
desde que empezó la crisis solo por la situación económica”.
El presidente de los técnicos de Hacienda (Gestha), José María Mollinedo,
explica que el mejor ejemplo para ver el alza del fraude es la caída en la
recaudación del impuesto de sociedades en 2008. Ese año se liquidaron los
tributos correspondientes a los beneficios del año anterior. “El ejercicio 2007
fue el mejor año para las empresas españolas. Sin embargo, la Agencia Tributaria
ingresó un 40% menos”, apunta.
Juan José de los Mozos, presidente de Asefiget (asociación española de asesores
fiscales y gestores tributarios) diferencia tres tipos de fraude fiscal. El que
cometen los contribuyentes que no tienen ninguna intención de pagar a Hacienda;
el de las empresas y otros ciudadanos que buscan atajos para pagar menos o
porque se desincentivan con la corrupción o el escaso retorno; y, por último,
“el fraude de supervivencia”. Este es el que realizan aquellos que apenas tienen
alternativa: o pagan a Hacienda o comen, explica.
El fraude fiscal se extiende como una mancha de aceite por toda la geografía y
todas las actividades. La imagen del fontanero que no emite facturas para no
cobrar el IVA es aplicable a la hostelería, talleres... y en general a
autónomos, profesionales y pymes.
Para combatir esta situación, la Agencia Tributaria ha incluido en su plan
tributario para 2013, presentado esta misma semana, un programa de controles
masivos. Es lo que ha ocurrido estos días en las principales fallas y casales
valencianos. El pasado jueves, grupos de inspectores de la Agencia Tributaria se
plantaron en las sedes de las comisiones falleras en busca de actividades no
declaradas y dejaron estupefactos a los que celebraban las fiestas. Esas medidas
ejemplares se multiplicarán este año. Otra de las actuaciones para luchar contra
el fraude es el control sobre alquileres no declarados. Hacienda consulta las
webs como Idealista o Fotocasa para rastrear posibles irregularidades.
Entre las novedades de la Agencia Tributaria para limitar el fraude en la
facturación está la limitación del régimen de módulos para sectores con más
riesgo, como los vinculados a la construcción y los transportes. El fisco
también, vigilará estrechamente a los empresarios que facturan a otros
empresarios una parte importante de sus operaciones. Hacienda prevé realizar
17.000 visitas para inspeccionar locales.
La tentación de defraudar crece cuando hay mucho dinero de por medio. Ocurre en
los grandes patrimonios, artistas, deportistas y otros profesionales, según
Hacienda. Entre sus dependencias hay un departamento que lee las revistas de
corazón y prensa deportiva para obtener información que ofrezca pistas sobre
este sector. Hacienda pretende estrechar el cerco y elevará las inspecciones
sobre este grupo un 25%.
Mientras Hacienda exhibe la eficacia de su plan de lucha contra el fraude, los
inspectores fiscales lamentan la escasez de medios. José María Peláez, de la
organización de Inspectores de Hacienda (IHE) presentó el pasado jueves un
documento que revela que España destina al control tributario un tercio de lo
que gasta Francia y menos de la mitad de Alemania. Y eso que España cuenta con
una de las mejores bases de datos del mundo.
Esta situación de escasez de medios y personal impide investigar con más
eficacia otro de los fenómenos señalados por los expertos como uno de los
agujeros del fisco: el “fraude carrusel”, que consiste en la organización de
estructuras empresariales con ramificaciones en un país de la UE para deducirse
el IVA. Es algo parecido a lo que hacía la trama de empresarios chinos implicada
en la operación Emperador, una red radicada en el polígono Cobo Calleja (Madrid)
que supuestamente limpiaba dinero negro procedente de actividades ilícitas.
Pero regresemos al principio. Casi la mitad de los impuestos recaudados por
Hacienda procede de la renta (IRPF). Y el 93% de este, por retenciones del
trabajo, lo que pone de manifiesto que el peso del fisco recae sobre los
asalariados (lo mismo que ocurría hace 30 años). Los altos funcionarios de
Hacienda consideran que existe un modelo de inspección caducado con vigilancia
exhaustiva sobre rentas del trabajo y graves deficiencias en otras actividades
económicas y grandes grupos empresariales. Los insuficientes medios provocan que
los grandes patrimonios y las multinacionales solo reciban pequeñas
comprobaciones de vez en cuando, denuncian los inspectores.
Por eso, aunque la práctica común de no emitir facturas para escaquearse del
pago del IVA es un problema para el fisco, inspectores y técnicos de Hacienda y
fiscalistas consideran que el verdadero filón del fraude está en la “elusión
fiscal” o “planificación fiscal agresiva”, vericuetos legales por los que se
escabullen las grandes multinacionales y elevados patrimonios para rebajar
ostensiblemente su factura fiscal. “El 70% de la evasión procede de las grandes
empresas y grandes fortunas”, sentencian desde Gestha. De los 11.500 millones
que recaudó la Agencia Tributaria en 2012 con la lucha contra el fraude
aproximadamente el 40% provenía de actuaciones en el impuesto sobre sociedades,
un 25% de irregularidades en el IRPF y otro 20% del IVA.
Hasta el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se refirió a ello en su
reciente intervención durante el debate sobre el estado de la nación. “Cuando
llegué al Gobierno, había empresas del Ibex que pagaban el 0%”, proclamó en
alusión al tipo efectivo del impuesto de sociedades (30%). Un tercio de lo
recaudado por Hacienda por las inspecciones tributarias de 2012 procede de las
multinacionales y grandes patrimonios (unos 3.000 millones).
Las grandes empresas se benefician de la gran maraña de deducciones y
bonificaciones fiscales. El Gobierno limitó algunas el año pasado, como la
deducción de los gastos financieros. La Agencia Tributaria calcula que unas
1.800 empresas que facturan más de seis millones están afectadas por este
cambio. Por eso ha incluido como prioritario la comprobación de la deducibilidad
de los gastos financieros, especialmente intragrupos. Además, fomentará la
comprobación de grupos familiares y sociedades en que estos participan para
evitar el trasvase fraudulento de rentas.
Pero las multinacionales y las grandes fortunas aprovechan también las grietas
que surgen entre la legislación con otros países para abaratar su coste fiscal.
El caso que mejor ilustra esta situación es el de las grandes multinacionales
tecnológicas (Apple, Facebook, Microsoft) que derivan los beneficios obtenidos
por sus filiales en España a Irlanda. De esta forma, algunas de estas sucursales
llegan a presentar pérdidas. Para limitar este problema el Gobierno ha puesto en
marcha una Oficina de Fiscalidad Internacional que pondrá especial atención a la
tributación de los grupos internacionales. Además, Hacienda ha intensificado los
acuerdos de intercambio de información y doble imposición con otros países para
descubrir a los que huyen del fisco. Un asesor fiscal de un reconocido despacho
de abogados rechaza las acusaciones que recaen sobre la elusión fiscal. Se
pregunta por qué si existen normas que permiten determinadas prácticas son
perseguidas y señaladas por Hacienda. Los inspectores admiten que hay normas
ambiguas, pero critican a los que retuercen el espíritu de la ley.
La obsesión del Gobierno por controlar el déficit y atajar la brusca caída de
ingresos tributarios empujó al Ministerio de Hacienda a aprobar la mayor subida
fiscal de las últimas décadas. Ha elevado tipos del IRPF, IVA y eliminado
deducciones y bonificaciones en sociedades.
Una de las medidas más polémicas fue la amnistía fiscal con la que esperaba
ingresar 2.500 millones adicionales. El resultado fue decepcionante: solo se
recaudó la mitad de lo previsto, unos 1.200 millones. Los que se beneficiaron de
ese “escudo fiscal” pagaron de media solo un 3%, mucho menos de lo que pagarían
sino hubieran escaqueado al fisco. Los inspectores fiscales criticaron con
dureza la medida y han pedido revisar esas declaraciones.
Hacienda esgrime, sin explicar cómo hace el cálculo, que la amnistía afloró
40.000 millones de bases imponibles ocultas. Al tiempo, aprobó una ley
antifraude para empujar a los evasores a regularizar su situación. El palo y la
zanahoria. Sobre esta norma se basa el plan de control tributario de 2013
presentada el pasado miércoles y con el que pretende cosechar 9.130 millones,
menos de lo que recaudó en 2012 (11.500 millones). Fuentes de Hacienda lo
justifican, entre otros motivos, porque ha descendido la plantilla en los
últimos años.
Entre las novedades del plan de la Agencia Tributaria está la limitación de
pagos en efectivo. Desde enero están prohibidas las transacciones en metálico de
más de 2.500 euros. En lo que va de año, el fisco ha recibido 217 denuncias.
Hacienda prevé realizar 1.500 visitas para comprobar los medios de pago. Otro de
los cambios consiste en la inversión del sujeto pasivo en el IVA para la entrega
de inmuebles y subcontratistas [liquida el impuesto el primer sujeto en vez de
el último].
Uno de los fenómenos sobre los que el fisco va a poner más atención es en el
comercio online. Con algo de retraso, Hacienda comenzará a vigilar las
operaciones de comercio electrónico y a establecer patrones de riesgo fiscal.
Además, iniciará la comprobación de las actividades de juego online para
verificar si los ganadores de premios han tributado lo que les corresponde.
Los inspectores de la Agencia destacan que una parte del fraude se ha desplazado
a la fase recaudatoria. Crecen los casos en los que los contribuyentes presentan
liquidaciones pero no pagan los impuestos. En muchas ocasiones acaban
presentando suspensión de pagos y Hacienda se convierte en el principal
acreedor. Todos los sectores consultados coinciden en que el sistema tributario
español está agotado. Funcionó bien durante la época de auge económico pero
ahora se muestra ineficiente. Toca una reforma en profundidad, acuerdan los
principales fiscalistas.