
25 Abril
2013 - laboral-social.com
Si bien las respuestas políticas a la crisis en Europa han sido diversas, la
presión inmediata para ahorrar y reducir el gasto público ha llevado a la
mayoría de los gobiernos a aplicar recortes en el presupuesto, los empleos y los
salarios, con frecuencia de manera precipitada.
Los salarios de los empleados del sector público han sido reducidos de diversas
maneras: algunos países congelaron el salario básico o lo disminuyeron, como es
el caso de Estonia, Irlanda, Letonia, Lituania y Rumanía. Otros, como Grecia y
Hungría, abolieron los beneficios de los empleados del sector público. En
Grecia, el salario mínimo además fue reducido por primera vez en 22 por ciento.
En algunos casos, estos ajustes han interrumpido las reformas estructurales del
sector público (como mejores sistemas para establecer los salarios y mayor
eficiencia), como en Portugal y Rumanía.
Pérdida de las ventajas salariales
Como resultado, los empleados del sector público en un número de países han
perdido las ventajas salariales que tradicionalmente tenían en relación al
sector privado, que se justificaba por los niveles de educación más altos en el
sector público.
En Rumanía, por ejemplo, la diferencia salarial entre en sector público y el
privado disminuyó de 40 por ciento en 2010 a menos de 15 por ciento en 2011.
Este tipo de medida también ha tenido una influencia negativa sobre las
calificaciones, el nivel de inversión en las profesiones del sector público y ha
dejado de atraer al gran número de jóvenes graduados calificados que constituían
su fuerza vital.
Al mismo tiempo, los recortes uniformes a lo largo de toda la escala salarial
han incrementado las desigualdades y los niveles más bajos han sido los más
afectados, sumiendo a muchos trabajadores por debajo del umbral de la pobreza.
Como consecuencia, ha surgido el nuevo fenómeno del “trabajador pobre del sector
público” en Europa.
En Hungría, este fenómeno afecta a más de 50 por ciento de los empleados del
sector público que tienen un nivel de educación inferior a la secundaria.
Esto ha ocasionado, a su vez, un aumento de la migración de los empleados del
sector público, con una ola de emigración masiva entre los médicos y las
enfermeras, pero también maestros, de Hungría, la República Checa y Polonia.
Mientras las protestas contra las medidas de austeridad se extienden en el sur
de Europa – sobre todo en Grecia, España y Portugal – cada vez más personas
afectadas por la crisis también se trasladan a los países del norte en busca de
empleos decentes.
La desigualdad de género también ha sido fomentada por los ajustes en el sector
público debido a la tradicional importancia de este sector para el empleo de las
mujeres, el desarrollo profesional y los horarios laborales flexibles, y la
conciliación entre el trabajo y la familia.
Peores condiciones de trabajo
La pérdida de empleos en el sector público también ha contribuido con un
incremento de la carga de trabajo y de las horas de trabajo para los
trabajadores que permanecen en sus puestos, mientras que las retribuciones por
horas extraordinarias han sido reducidas o hasta congeladas en un número de
países.
La reducción simultánea del gasto también ha disminuido los recursos humanos y
materiales disponibles para ejecutar los servicios, los cuales siguen siendo los
mismos o hasta aumentaron, como la salud y la educación.
La falta de diálogo social en el proceso de reforma y la abolición de un número
de mecanismos que incentivaban la negociación colectiva, han contribuido a
empeorar las condiciones de trabajo en el sector público. Antes conocido como un
'empleador modelo', las prácticas del sector público están ahora convergiendo
con las del sector privado.
Estos cambios, y la manera como han sido implementados, han provocado una ola de
protestas y huelgas por parte de los empleados del sector público – a las cuales
se han sumado con frecuencia otros grupos sociales – en toda Europa. Más allá
del costo económico de estas protestas, el empeoramiento del clima social en el
sector público hace sonar la alarma para el futuro.
Deterioro de la calidad
Estos cambios tienen además un impacto directo en la futura calidad de los
servicios públicos: en las escuelas, por ejemplo, podría resultar en una menor
proporción de maestros por estudiantes en las clases. En los hospitales, es
probable que aumenten las listas de espera. Las reformas también tendrán
repercusiones en la administración pública.
Es necesario promover una combinación más equilibrada de ajustes cuantitativos y
reformas estructurales en el sector público. También es necesaria una mejor
combinación entre las consideraciones presupuestarias y otras importantes como
la igualdad, el diálogo social, las oportunidades de empleo, las condiciones de
trabajo y la eficiencia y calidad de los servicios públicos en el futuro.