
El estrés laboral es una dolencia más común de
lo que parece. Algunos psicólogos apuntan que,
aunque resulte paradójico, no podríamos vivir
sin estrés. Sin embargo, este se convierte en
perjudicial cuando desemboca en problemas de
salud a largo plazo que repercuten negativamente
en nuestro día a día.
El estrés laboral es responsable de la pérdida
de 550 millones de días de trabajo anuales y,
además, es la principal causa del 80% de los
accidentes de trabajo.
Las causas del estrés
pueden ser muy distintas aunque, comúnmente, se
asocia a la presión que sufre el empleado debido
al entorno laboral o a la sobrecarga de tareas
que le impiden ser eficiente en cada una de
ellas. Esto, además, reduce
la productividad del
mismo y de la empresa en general.
En
esta línea, Forbes apunta
las principales causas que
provocan estrés
laboral:
-
Imprevistos (25%)
-
Ambiente de trabajo (21%)
-
Plazos de entrega (21%)
-
Seguridad de los demás (16%)
-
Duración de la jornada o la semana
laboral (7%)
-
Bienestar del personal (5%)
-
Posibilidad de promocionar (3%)
-
Viajar (1%)
La Organización
Mundial de la Salud (OMS) recoge
en una de sus publicaciones un dato interesante
y es la diferencia
entre presión y estrés. Si bien desde
la OMS consideran que un nivel de presión
aceptable en el entorno laboral es inevitable e
incluso mantiene al empleado en estado de alerta
y motivado, el estrés laboral aparece cuando
esta presión es excesiva y difícil de controlar.
En este sentido, la
Organización apunta que esta reacción del
individuo es uno de los principales problemas que
afecta a la salud de
los trabajadores y al buen funcionamiento de las
entidades.
Por todo ello, invertir
en instalaciones, promover la salud, gestionar y
planificar correctamente los proyectos y las
tareas o fomentar la comunicación en el equipo,
entre otras acciones, es realmente importante en
las compañías para reducir el nivel de estrés de
los empleados, contribuyendo a una mejora de su
salud y a la productividad de la compañía.