
El alto desempleo
juvenil y
su larga duración, la elevada
informalidad y
los empleos
de mala calidad (bajos
salarios, inestabilidad laboral y alta rotación)
siguen siendo las características que mejor
definen el mercado laboral en Europa, América
Latina y el Caribe. Las políticas
activas del
mercado laboral se han convertido en un
instrumento muy popular en los últimos años para
combatir estos problemas y el desempleo. Pero,
teniendo en cuenta todas las posibilidades
existentes, ¿qué
funciona mejor?
Para poder aclarar
qué iniciativas son más efectivas, primero
debemos revisar la evidencia que
existe sobre el efecto de estas políticas. La
revisión más reciente se encuentra en una publicación en
la que se analizan 526 evaluaciones provenientes
de 207 estudios que abarcan Europa, Estados
Unidos y Latinoamérica (con un 10% del total de
estos estudios). Lo que muestra este trabajo es
que la efectividad de estas políticas varía en
función del objetivo
que se persiga.
En términos generales, se encuentra que las
políticas más efectivas son la asistencia a la búsqueda de
empleo, seguida por la capacitación en aula o en
planta. Por el contrario, las menos efectivas
son los subsidios para
la creación de empleo. Si los objetivos de
política priorizan los resultados en el corto
plazo, los programas de intermediación laboral
continúan en primer lugar como la política más
efectiva. Por el contrario, las políticas de capacitación no
tienen el efecto esperado (en ocasiones, incluso
se registra un impacto negativo) en el corto
plazo. Esto se debe, en parte, al denominado ‘lock
in effect‘, por el cual el tiempo que los
desempleados pueden dedicar a buscar trabajo se
reduce por la asistencia a los cursos. En el
largo plazo, las políticas activas de formación
vuelven a ganar impacto (principalmente 2 años
después de finalizada la capacitación),
situándose en la cabeza como política de empleo
más eficiente.
Este hallazgo es de enorme relevancia para América
Latina y el Caribe, donde
principalmente todo el gasto en PAML se destina
a programas de capacitación. Es también
importante para la región la recomendación que
se desprende del estudio: seguir invirtiendo en
mejorar y consolidar los servicios públicos de
empleo para garantizar la efectividad de las
políticas de intermediación laboral si buscamos
efectos más inmediatos en el mercado laboral.
Cabe tener en cuenta que estos resultados no son
necesariamente homogéneos entre los distintos
grupos de participantes. Por lo general, estas
políticas obtienen mayores impactos entre las mujeres y
aquellos desocupados de larga duración y, por el
contrario, presentan un impacto menor sobre los
jóvenes. En la región, sin embargo, los
resultados no son tan desalentadores para los jóvenes como
en los países desarrollados.
¿Es adecuado, por tanto, aplicar algunas de
estas políticas a nuestros mercados laborales?
Sí, pero primero es necesario tomar en cuenta
que la efectividad de
las intervenciones depende del contexto de la
población objetivo de cada país, por lo que
adoptar una política extrapolando únicamente la
evidencia internacional no es suficiente. ¿Qué
se necesita entonces? Si bien estas políticas se
vienen aplicando extensamente, existen
importantes vacíos
de conocimiento en
el impacto de determinadas intervenciones o en
el impacto en contextos nuevos de intervenciones
que ya se conocen. Por ejemplo, es muy limitada
la evidencia rigurosa regional e internacional
sobre el efecto de las políticas de
intermediación laboral o el efecto de largo
plazo de la capacitación.
Factor Trabajo