Vivir para
trabajar o trabajar para vivir. Una ecuación
clásica que nos deriva a la filosofía de
vida de cada cual pero a la que deberíamos
añadir un detalle más: la salud que nos
proporciona nuestro trabajo… o la que nos
quita. Y no hablamos únicamente de salud
física, accidentes de trabajo o dolencias
relacionadas con profesiones de riesgo: nuestro
empleo también puede ser causa de problemas
de salud mental.
Estrés, ansiedad o
depresión son solo algunos de los trastornos
más frecuentes que nos podemos encontrar en
las oficinas de todo el mundo, motivados por
situaciones tan cotidianas como el exceso de
carga de trabajo, el acoso laboral o sexual,
la falta de conciliación con su vida privada
y las tareas repetitivas o los entornos
tóxicos.
No en vano, la
OIT (Organización Internacional del Trabajo)
ya ha avisado de que el
estrés, la ansiedad y la depresión son las
enfermedades profesionales más comunes a
nivel mundial. En
nuestro país, el 40% de los trabajadores y
más de la mitad de los empresarios confiesan
sufrir estrés, según datos del INE. De
hecho, una
de cada cuatro bajas laborales en España
está motivada por el estrés. Si
a ello unimos los problemas mentales que
muchos trabajadores traen consigo a la
oficina desde sus propias casas, la ecuación
es cuanto menos preocupante.
Las 5 claves
para saber si tu trabajo es tóxico
En ese sentido,
los trastornos mentales provocan efectos muy
negativos en la cultura y funcionamiento
corporativos: menos participación del
personal en brainstorming y nuevos
proyectos, más accidentes de trabajo o una
mayor rotación de empleados. De hecho,
recientes estudios indican que seis
de cada diez trabajadores reconocen que su
mala salud mental afecta directamente en su
concentración profesional,
mientras que unos 70 millones de días
laborales se pierden a causa de estos
trastornos mentales… ¡sólo en Reino Unido!
La buena
noticia es que los factores de riesgo para
el estrés en el lugar de trabajo pueden ser
modificados, principalmente a través de un
clima organizacional que promueva el
bienestar y la creatividad, junto a
políticas individualizadas para cada
trabajador en riesgo de sufrir esta clase de
trastornos. ¿Cómo
se puede reducir el riesgo de que los
empleados sufran trastornos mentales en la
oficina? Recopilamos
las recomendaciones en este sentido de
médicos, organismos de prevención,
sindicatos y el Consejo de la Agenda Global
sobre Salud Mental del Foro Económico
Mundial:
-
Auditoría de puntos calientes en la
empresa:
Cada empresa es un mundo en sí mismo y
las potenciales fuentes de problemas
(compañeros tóxicos, jefes imposibles,
cargas de trabajo sobredimensionadas,
entorno negativo, mala cultura
corporativa…) son también únicas. Por
eso, lo primero es analizar departamento
por departamento posibles áreas de
mejora en favor de esta salud mental
colectiva.
-
Concienciación:
Un punto fundamental en una buena
estrategia para luchar contra los
problemas mentales en el entorno
profesional es la concienciación de la
plantilla, tanto para evitar que los
propios trabajadores se conviertan en
fuente de ansiedad para sus compañeros,
como para ayudarles a detectar los
primeros síntomas de estos trastornos en
sus departamentos. En ese sentido, el
equipo de prevención de riesgos
laborales o de RRHH debe proporcionar
material informativo, charlas y cursos
de concienciación que eviten males
mayores.
-
Establecer una línea de actuación: Tanto
preventiva (entrevistas anuales de
seguimiento) como ante un trastorno
patente, la empresa debe contar con una
línea de actuación que permita a un
empleado afrontar cualquier problema de
esta clase. La empresa debe facilitar
cuál es la ruta a seguir, desde la
notificación del trastorno hasta el
procedimiento a seguir (consulta con el
psicólogo de la compañía, atención en
una firma externa, etc.) y la
monitorización en tiempo real de la
situación de cada equipo tras la
detección de un incidente.
-
Subvenciones al tratamiento psicológico: Si
la prevención no ha logrado su efecto y
es necesario tomar medidas correctivas,
es recomendable que la empresa
complemente la atención que presta la
sanidad pública con un seguimiento
privado más personalizado. No en vano,
los expertos aseguran que por cada euro
de inversión en tratamientos para la
depresión y la ansiedad se obtiene un
retorno de cuatro euros en mejor salud y
capacidad de trabajo.
La salud mental, en caída
libre
Los problemas
psicológicos no son un tema en absoluto
baladí, más si tenemos en cuenta la
preocupante tendencia que se está viviendo
en los últimos años. En estos momentos, a
escala mundial, una
de cada cuatro personas tiene altas
posibilidades de experimentar un problema de
salud mental en algún momento de su vida;
mientras que 300 millones de ciudadanos
sufren de depresión actualmente (4,4% de la
población mundial) con una consecuencia
trágica en los peores casos: 800.000
personas se suicidan anualmente, según datos
recogidos por el Foro
Económico Mundial. Si
esa es la foto fija, la visión histórica nos
deja un panorama desolador: el
número de personas que sufren de depresión
ha aumentado un 18% entre 2005 y 2015.
Todo ello no sólo
supone una catástrofe de salud pública sino
también una crisis económica a gran escala.
Un estudio de Harvard estima que el impacto
global de los trastornos mentales sobre los
procesos productivos ascenderá a más de
16.300 millones de dólares entre 2011 y
2030, haciendo perder hasta un 22% de toda
la generación económica de países como India
para aquel año.
AIF. ticbeat.com 21may2017