
29 Abril 2013 - expansion.com
Desde finales de 2010 el acoso laboral o mobbing se ha
incorporado al Código Penal, es decir, el acosador no sólo puede ocupar un lugar
en el banquillo de los acusados, sino que si resulta culpable de un
hostigamiento continuo a un empleado puede acabar en prisión.
Queda claro que con el mobbing no se juega. Va más allá de caer bien o mal a un
compañero o de un insulto. Se trata de un continuado y deliberado maltrato
verbal o modal que recibe un trabajador de otro, con el objeto de excluirlo o
destruirlo psicológicamente.
La prevención
Jacobo Martínez, socio de Eversheds Nicea, recuerda que “redactar un código de conducta que incluya un protocolo o procedimiento interno para estos supuestos, es una de las medidas más utilizadas por las empresas para poder realizar un filtro preventivo de la existencia o no de un acoso moral”. También menciona otras como encargar un informe de riesgos psico-sociales en la empresa, “normalmente realizado por el servicio de prevención ajeno”. Estos protocolos deben establecer los canales adecuados para, en caso de que creas que eres víctima de mobbing, puedas cursar la correspondiente demanda.
José Manuel Martín, socio director de Sagardoy Abogados, dice que
en todo caso “debe exigirse una denuncia seria, por escrito y en la que se
detallen los hechos, fechas y testigos. Merece respeto el denunciante y también
el denunciado. La vía laboral es la más adecuada para denunciar estos
supuestos”. No obstante, conviene que no te tomes este tipo de acusaciones a la
ligera. Verónica Doblado, abogado de Iure Abogados, advierte de que “no es
suficiente con acreditar una depresión o un cuadro de estrés. Eso no es más que
el resultado. Lo que el juzgado suele requerir es que se pruebe que la situación
actual del empleado haya sido provocada por la actitud del acosador”.
La letrada recuerda que una bajada de sueldo, un traslado de centro o una
modificación del horario tampoco suponen, por ellas solas, conductas que se
puedan calificar como acoso. Conseguir pruebas suficientes, como aportar e-mails
que recojan estas conductas o la aportación de algún compañero es clave. “Aunque
el testimonio de un perito, psiquiatra en este caso, es importante, no es
concluyente para determinar esta situación”, añade Doblado, quien reconoce que
la situación del mercado laboral está dando lugar a denuncias infundadas que
persiguen el blindaje frente a un ocasional despido: “La tendencia creciente a
este tipo de reclamaciones encuentra su límite en los propios juzgados, que son
especialmente sensibles ante tales situaciones”.
Sin embargo, Martínez no aprecia que tras la incorporación del acoso en el
Código Penal “haya habido un aumento desmesurado de denuncias, más bien se
podría decir que son bastante escasas”.
También Martín, de Sagardoy Abogados, dice que la vía penal ha dado pocos
frutos: “Los delitos que regula se rigen por el principio de menor intervención
(ya existen otras jurisdicciones como la laboral, la civil o la
contencioso-administrativa) y plus de gravedad. Sólo se aplicará en los
supuestos más graves”.
Pedir ayuda antes de que se demasiado tarde
Rafi Santos es médico psiquiatra y presidenta de la Fundación
Humanae asegura que los pacientes que acuden a su consulta lo hacen porque
padecen un cuadro de estrés agudo crónico, “no he detectado falso ‘mobbing’”.
Reconoce que la crisis ha provocado un aumento de los cuadros de ansiedad: “Los
profesionales son más vulnerables y, a menudo, coincide con los perfiles más
brillantes. La envidia hace que estos individuos sean hostigados
psicológicamente por otros que son especialmente hábiles con su acoso pero
mediocres profesionalmente. Merecen todo el desprestigio en las organizaciones”.
Aunque los jefes parecen ser los malos de la película en estas situaciones,
Santos señala que en el ‘mobbing’ los compañeros suelen tener gran parte de
culpa “porque por miedo a represalias suelen dar de lado al acosado y tienden a
aislarle, con lo que no hacen más que empeorar la situación”. En su opinión, los
protocolos en esta materia no resuelven el acoso laboral: “Las empresas deberían
darse cuenta de los beneficios de la inteligencia emocional y del liderazgo en
el sentido más estricto de contar con una misión y valores compartidos”.