
3 Mayo 2013 - equipoytalento.com
La cifra de más de seis millones de desempleados en nuestro país
resulta alarmante; pero aún lo es más la falta de soluciones al problema y el
efecto multiplicador del malestar social que se genera, desde lo material a lo
emocional. La situación de espiral de problemas que se genera en muchos hogares
donde sus miembros están sin trabajo hace que emerja una cadena de conflictos
que hasta ahora habían permanecido ocultos.
Al inicio de la crisis, las personas que perdían su trabajo lo afrontaban con
optimismo, como una oportunidad de mejora y de cambio con respecto a la
situación anterior; preferían ver en su situación de desempleo una puerta que se
abría, en vez de una que se cerraba. Pero hoy el panorama es bien diferente, y
los desempleados de larga duración ven como se va transformando y
desestructurando todo a su alrededor.
Las principales distorsiones que sufren las personas en situación de no trabajo,
según Alicia Kaufmann, catedrática de sociología de la Universidad de Alcalá de
Henares, son:
Desestructuración de toda la actividad de la persona en tiempo real
Normalmente la actividad laboral marca todos
los horarios y ritmos de nuestro día a día. En este punto encontramos
diferencias significativas de género; en tanto que para los hombres este "ocio
forzoso" resulta casi insoportable, para las mujeres, que en general han sido
multitarea, esta mayor abundancia de tiempo no constituye un problema esencial.
Se produce un espacio de tiempo “para uno mismo”, que pocas veces ha tenido
lugar, que requiere una “resocialización” para su adecuada utilización.
Daños sociales colaterales
Si se trata de una persona de clase media se
produce un cambio de status social. Por el contrario si en lugar de mantenerse
pasivo se mantiene activo, puede formar parte de nuevos grupos sociales y
mantenerse activo en otros entornos.
Sentimiento de inutilidad
La falta de trabajo resulta frustrante, y ello
trae aparejado en la persona una gran desazón. Para el hombre, más que para la
mujer, la sensación de no producir le resulta casi insoportable, de ahí que
existen casos en que algunos varones oculten este hecho a sus parejas. Aunque se
puede ocupar ese tiempo en otras tareas, cuando se pregunta a los hombres la
respuesta mayoritaria es que “no pueden pensar y que se encuentran bloqueados”.
El salario representa un reconocimiento social que da valía a la persona.
Además, la frustración del desempleo puede llevar la pérdida de competencias y
habilidades laborales, transformándose en angustia.
La pareja se ve afectada
Con bastante frecuencia aquellas personas que
no tienen trabajo se repliegan sobre su familia, por ello la pareja resulta
determinante. “La actitud de mi pareja ha sido vital para remontar la moral”,
suelen comentar. Cuando no es así, el desempleo de uno de los miembros suele
incrementar las tensiones dentro de la pareja llegando a una verdadera
desestabilización, hasta en algunos casos al divorcio. Esta situación, como
otras situaciones extremas, puede llevar a un acercamiento o alejamiento por
parte de la pareja.
Y también los hijos
A pesar de que las familias intentan
mantenerlos al margen, esta realidad también les afecta, y a veces se manifiesta
a través de problemas del sueño, agresividad, pesadillas o dificultades
escolares.
Incide enormemente en la autoestima
La rutina de la inactividad puede desdibujar
la visión e ilusión respecto al futuro. El desempleo se convierte en un trauma
que puede ser el factor desencadenante de otros problemas. Por esto, es
importante interpretar el desempleo como una problemática social, pero
diferenciada de la actitud personal con la cual cada persona asume este hecho.
Desprecio empresarial
El individuo siente que prescinden de él, con
lo que pierde el lugar en la red de relaciones sociales y el sitio a partir del
cual se proyectaba el desarrollo de carrera.
En resumen, el desempleo genera un fuerte stress, entendido como “la reacción
del organismo ante cualquier estímulo interno o externo, de una intensidad tal
que exige mecanismos de adaptación para mantener el equilibrio". En los hombres
constituye un factor desestabilizador global y en las mujeres puede ser al
revés, incluso puede convertirse en revelador de habilidades de las cuales no se
había sido consciente.