
30 Abril 2013 - expansion.com
Estoy más quemado con este trabajo...» Te suena, ¿verdad? El
estrés se ha convertido en la segunda dolencia laboral que más bajas causa. En
la Unión Europea (UE) aproximadamente el 66% del absentismo justificado se debe
a esta enfermedad que afecta de manera particular a ocupaciones como policías,
periodistas, médicos, etcétera, aunque no es exclusiva de estas profesiones. Es
más, uno de cada cuatro trabajadores sufre problemas de salud ligados a la
tensión en el trabajo, lo que le supone a la UE un gasto de 20.000 millones de
euros al año.
El estrés no entiende de jerarquías y puede afectar por igual a cualquier
trabajador en todos los niveles. Las organizaciones también padecen el estrés de
sus empleados que rebajan su capacidad productiva. Por eso mismo, expertos como
Antonio Iniesta, presidente de la Asociación Española de Médicos del Trabajo,
aconseja estudiar los riesgos de cada puesto y de cada empresa ya que "hay un
estrés positivo que favorece el rendimiento, pero cuando la demanda supera lo
que da de sí un empleado se produce el problema de salud".
Cuando se supera este punto de inflexión, la tensión acumulada puede devenir,
según Javier Tovar, responsable talent management de MOA BPI Group, "en
alteraciones del sueño, dolores de cabeza y musculares, abandono de conductas
saludables, falta de atención y de memoria, pérdida de agilidad del pensamiento,
etcétera". Consecuencias que convierten al estrés en uno de los principales
males en el trabajo.
Además, los niveles de estrés han aumentado a causa de la delicada situación
económica. Aunque no es el único factor que motiva este problema. Genoveva Vera,
experta en la Intervención de la Ansiedad y el Estrés y profesora en el Máster
de Inteligencia Emocional de la Universidad Complutense de Madrid, apunta las
condiciones laborales, los requisitos de la tarea y las circunstancias
profesionales como razones para la aparición del estrés negativo. Contempla,
asimismo, diferentes grados de tensión: "La primera fase es aquella en la que
experimentas una cierta tensión y se produce cuando llegas de nuevas a un
trabajo en el que albergas grandes ilusiones. En este momento tu cuerpo
reacciona con estrés positivo y no te importa trabajar unas horas de más para
aportar todo lo que puedas; en la segunda fase comienzas a sufrir un cierto
grado de estrés negativo cuando observas que no estás siendo bien considerado ni
se está motivando tu talento. En esta fase todavía se pueden poner medidas para
reducir el estrés. Sin embargo, si no se aplaca en este momento aparece la
frustración y comienzas a desatender tus tareas. Te vuelves cínico y escéptico;
en la última etapa se produce la desesperación. Te sientes aislado en tu
entorno, fracasado. Cuando se llega a este punto al profesional no le queda más
remedio que abandonar la compañía".
Esta última fase desencadena en el síndrome del quemado. Los que sufren esta
dolencia padecen un fuerte sentimiento de impotencia desde el momento de
despertarse por las mañanas; se levantan cansados, creen que su trabajo no tiene
fin ni objetivo. La persona que lo sufre se vuelve anhedónica, es decir, que lo
que anteriormente era motivo de alegría ahora no lo es, en otras palabras,
pierde la capacidad de disfrutar. Aún cuando se tiene tiempo, se siente siempre
estresado.
Desde casa
Antes de llegar a este punto, la persona en
cuestión va dejando pistas sobre su estado de ánimo. Vera asegura que cuando un
profesional está padeciendo un alto nivel de estrés suele reducir su grado de
atención; tiene mayores dificultades para aprender nuevas técnicas y ralentiza
su ritmo de trabajo. Además, se muestra más molesto con el resto de compañeros y
crea un mal clima laboral ya que se irrita con facilidad. El profesional
estresado aumenta su número de visitas al médico y a especialistas como los
fisioterapeutas, sabotea su propio trabajo y suele soportar dolores musculares.
En muchas ocasiones estas personas se traen la tensión de casa. Algunos
profesionales no saben separar su vida laboral de la personal y las peleas con
la pareja, los disgustos con los hijos o los problemas domésticos pueden
interferir en su buen hacer en la empresa. Para evitar que la rotura de la
caldera o las desavenencias con la suegra te pasen factura lo ideal es imponerse
momentos de descanso en la oficina. Cada 20 ó 30 minutos es bueno, según los
expertos, levantarse y despegarse del ordenador para despejar la mente.
La responsabilidad del jefe
Según Javier Tovar, el manager "puede reducir
el estrés del equipo a través de un estilo de liderazgo positivo y orientado a
servir a la plantilla, mostrando conductas de apoyo y eliminando las barreras y
obstáculos para facilitar el trabajo en equipo. Es clave plantear al colaborador
demandas claras y ajustadas a su capacidad, no excesivas ni ambiguas. Además, es
importante apoyar a las personas a través de un reconocimiento adecuado del
desempeño en función de aportaciones". Sin embargo, no siempre es fácil darse
cuenta de que alguno de los colaboradores está sufriendo una presión excesiva y
los métodos de prevención llegan tarde. Por eso Antonio Iniesta aconseja que,
una vez llegado a ese punto, hay que hacer llegar a ese empleado a los equipos
de prevención para evaluar su estado. "También hay que intentar hablar con él.
Existen técnicas y cursos que enseñan a los responsables a gestionar las causas
del estrés". Iniesta también recomienda que el enfermo proponga soluciones para
así hacerle partícipe del posible remedio.
La manera en la que muchas empresas ancladas en estrategias arcaicas motivan a
sus empleados puede provocar estas situaciones. Genoveva Vera se muestra
contraria a estas formas de presión y no cree que convierta a los equipos con
más grado de tensión en más productivos. "Además, se les puede ir de las manos.
No puedes tratar a todo el mundo igual. Cada empleado es distinto y estos
métodos pueden terminar en tragedias". De ahí que sea esencial llevar a cabo una
actuación de vigilancia periódica sobre los niveles de estrés. Vera confía en el
coaching directivo y cree que "hay que concienciar a las empresas sobre la
importancia de las habilidades en el control emocional. Debería ser una actitud
necesaria entre los directivos".
Soraya Polo, enfermera, fisioterapeuta y miembro del departamento de formación
de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (Fuden), cree que este
particular enfermo también debe poner de su parte para reducir su nivel de
estrés. Aconseja aprender técnicas de relajación, practicar yoga, por ejemplo,
llevar una vida más o menos sana y una dieta equilibrada y, lo más importante,
reconocer qué es lo que le causó esa presión. "Se pueden llevar diarios de
control del estrés para determinar qué razones o en qué situaciones notas más
tensión".